miércoles, 29 de enero de 2014

10 VERDADES SOBRE LA MARIHUANA




Recientemente,  Narconon International ha publicado una guía para padres/madres llamada  10 Cosas Que Los Padres Tal Vez No Sepan Acerca De La Marihuana donde se ofrecen datos esenciales sobre esta droga y sus efectos.

El objetivo de esta guía es ayudar a los padres a educar y prevenir en sus hijos el abuso de una droga que puede parecer inofensiva, pero que no lo es. Los padres pueden utilizar esta guía para actualizar su propio conocimiento sobre los peligros del abuso de la marihuana pero además, puede ayudarles a explicar y responder aquellas cuestiones planteadas por sus hijos/as acerca de esta droga.

Y es que, a medida que la percepción pública sobre los peligros de la marihuana ha ido disminuyendo, las personas más jóvenes han comenzado a experimentar con esta droga. Esto, junto con las modificaciones de las leyes sobre la marihuana y una corriente de influencias en favor observada en películas o en la televisión ha potenciado un resurgimiento del consumo de esta droga, llevando en muchos casos a justificar su consumo minimizando sus riesgos. Pero el abuso de la marihuana frecuentemente conduce al abuso de otras drogas más fuertes y hay una probabilidad mucho mayor de adicción cuando el uso se inicia en la adolescencia.

Por ello es necesario que los padres/madres estén correctamente informados sobre esta droga permitiéndoles así hacer frente a un posible consumo en sus hijos/as.

Presentamos a modo de resumen estas 10 ideas que quizás como padre o madre no conozcas sobre esta droga:

1. La marihuana es una sustancia puente, también llamada droga de entrada.
Para muchas personas, la marihuana es la primera droga que consumen. Las Naciones
Unidas ha declarado que el uso de cannabis casi siempre precede al uso de otras drogas como cocaína, metanfetaminas, heroína u opiáceos recetados.

     2. La marihuana es más potente que antes.
La potencia promedio de la marihuana aumenta año a año. El químico intoxicante más fuerte en la marihuana es el THC o tetrahidrocannabinol. Hay cientos de otras toxinas en la marihuana. Conforme cambian los métodos de cultivo, el contenido de THC en la marihuana ha aumentado. También existe una forma mucho más potente de la marihuana en el mercado llamada “sin semilla”. La marihuana no es la misma droga que era hace treinta años.

3.   Reduce la capacidad para aprender y sobresalir.
La marihuana reduce las capacidades que una persona necesita para el aprendizaje. Desafortunadamente, los grupos de edad más propensos a consumir marihuana son aquellos en sus años adolescentes o principios de los veintes—los años cuando ocurrirá la educación más importante.
Se ha encontrado que la marihuana causa dificultad con el pensamiento, la memoria y la resolución de problemas. Debido a que el THC se almacena en el cuerpo, estos efectos pueden ser duraderos y acumulativos.
 
      4. El THC permanece en el cuerpo.
Los químicos intoxicantes en la marihuana permanecen en el cuerpo mucho después de que la persona deja de usar la droga.
El THC se disuelve en la grasa y se adhiere a los tejidos grasos en el cuerpo. Esto hace más difícil para el cuerpo eliminar todos los rastros del tóxico THC, así que los residuos de la droga permanecen almacenados indefinidamente en la grasa.

      5. La marihuana es adictiva.
A pesar de lo que escuches, la marihuana es adictiva.
Aproximadamente uno de nueve consumidores de marihuana se volverá adicto a la droga. Pero cuando una persona comienza a consumir esta droga en sus años de juventud, tiene una en seis posibilidades de volverse dependiente a esta droga.

6. La marihuana no cura nada.
El consumo de marihuana no cura enfermedades. Aun así, algunas personas promueven su uso en el tratamiento médico. Por ejemplo, algunas personas quieren que haya marihuana disponible para aquellos que reciben quimioterapia para el cáncer o aquellos con SIDA, debido a que a menudo pierden su apetito. El THC tiende a estimular el apetito.
No existe ninguna enfermedad que de hecho mejore por los efectos de la marihuana. El THC puede ayudar con los síntomas de algunas enfermedades, pero a menudo hay otras alternativas.
Los jóvenes no tienen absolutamente ninguna necesidad para la así llamada “marihuana médica”.

7.   La marihuana puede provocar cambios emocionales.
Se ha documentado que un consumidor crónico de marihuana pasa a través de cambios emocionales y de comportamiento que resultan en pérdida de motivación y ambición. Esto a menudo resulta en menos socialización con amigos y familiares, abandono de metas, baja energía y, muy a menudo, problemas disciplinarios.

8. Puede crear efectos mentales y físicos.
El uso de marihuana puede crear serios efectos mentales y físicos. Esto es más probable cuando una persona usa elevadas dosis o una marihuana de una potencia muy fuerte. Especialmente en los jóvenes, el abuso de la marihuana puede conducir a niveles más elevados de ansiedad, ataques de pánico, depresión y paranoia.

     9. El abuso de marihuana crea serios riesgos.
El consumo de marihuana abre la puerta a diversos tipos de comportamiento riesgoso. Quizás el más peligroso de estos sea el efecto que la marihuana tiene en la capacidad de conducir un auto. La marihuana crea problemas tanto para la persona que acaba de comenzar a fumar yerba como para el fumador crónico.

     10. Que se les está diciendo a los jóvenes sobre la marihuana.
-Es una hierba natural
-No es adictiva
-No es tan dañina como el alcohol
-No te da resaca
-Es medicinal
-Te calma
-Estar colocado es divertido
-Te vuelves más creativo cuando fumas marihuana

Puedes encontrar esta guía para descargarla gratis en el siguiente enlace:


Para más información puedes recurrir a los siguientes enlaces;

Materiales de educación de drogas para padres:


Guía gratuita de cómo hablarles a tus hijos acerca de las drogas: http://www.narconon.org/media/talking-to-kids.swf.

Nuestro gran aliado

PSICOVES Psicología

Teléfonos: 655 166 727 / 625 224 823


La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos. Al ser una evaluación de nosotros mismos, de nuestra manera de ser y lo que creemos que valemos, afecta a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y también, a cómo actuamos con las personas que nos rodean. De hecho todo lo que hacemos, pensamos o sentimos está bajo nuestra valoración, por lo que nuestra autoestima influye sobre nosotros en todo momento, incluso existen pensamientos típicos de las personas con baja autoestima. Estos pensamientos pueden catalogarse en: 

Sobregeneralización: a partir de un hecho aislado, se crea una regla general, que se aplica a cualquier situación y momento. Por ejemplo: “Me han despedido. Y con la cosa como está no volveré a trabajar”. 

Razonamiento emocional: en este pensamiento se asocia el sentimiento con la realidad: “Así es como me siento y es de verdad”. Creemos que un sentimiento, aunque sea negativo es un fiel reflejo de la realidad.

Designación global: se utilizan descripciones negativas para describirse a uno mismo en lugar de al error que hemos cometido en un momento puntual. Así por ejemplo decimos: “Es que soy un torpe, siempre se me caen las cosas”, en lugar de “se rompió, tenía que haber prestado más atención”.

Pensamiento polarizado: con este pensamiento se dan opiniones extremas, todo es blanco o negro, no existe el gris. “O está bien o está mal, pero regular no existe”.

Autoacusación: en este caso la persona se culpabiliza de cualquier hecho: “Sé que soy culpable, tenía que haber visto que me iba a dejar”.

Personalización: asociamos cualquier hecho a algo que hayamos hecho nosotros, cuando no tiene porqué ser así. “Tiene mala cara, ¿qué le habré hecho?”.

Lectura de pensamiento: se tiende a pensar que los demás no están interesados en nosotros, o que están pensando mal, sin pruebas reales. 

Falacias de control: la persona asume que tiene responsabilidad sobre todo y todos. También puede ser que se sienta víctima, sin control sobre nada. 

Como vemos nuestro nivel de autoestima influye en la forma en la que entendemos el mundo. Y conforme lo entendemos, tomamos decisiones y actuamos en él. 

¿Por qué es importante tener “buena” autoestima?

Un nivel adecuado de autoestima nos permite enfrentarnos con mayor confianza y optimismo ante los desafíos que se nos plantean. Por ejemplo, si nuestra autoestima es positiva y nuestro/a novio/a nos deja, pensaríamos que esto son cosas que suceden y más cuando la relación había estado yendo mal últimamente. Seremos conscientes que de la misma forma que hemos encontrado esta pareja, seremos capaces de encontrar otra, e incluso intentar no cometer los mismos errores que provocaron que la relación no fuese como nos gustaría. 

Sin embargo, con una “baja” autoestima, tenderíamos a pensar que no vamos a ser capaces de encontrar una pareja de nuevo, que nadie va a querer a una persona como nosotros, con todos nuestros defectos. Tal vez incluso nos echaríamos la culpa de lo mal que salió la relación.

Si crees que necesitas ayuda para mejorar tu autoestima, ponte en contacto con Psicoves psicología.

Teléfonos: 655 166 727 / 625 224 823

domingo, 19 de enero de 2014

¿Por qué nos distraemos?

¿Por qué no podemos mantener la atención indefinidamente? Ya sea estudiando o trabajando, después de determinado tiempo, nuestra mente empieza a alejarnos inevitablemente de lo que estamos haciendo. Solemos combatir la distracción, aún cuando ya sabemos que nos va a terminar ganando, pero cada vez más estudios prueban que “soñar despiertos” no es necesariamente algo malo…






Percibimos la distracción como algo malo y por eso tratamos de combatirla permanentemente, aunque sabemos que tarde o temprano vamos a terminar cediendo (como seres humanos, no podemos mantener la atención en algo indefinidamente).

No obstante, esta dispersión que experimentamos todos los seres humanos en algún momento de nuestro día, no es tan mala como pensamos. De hecho, es todo lo contrario. Cada vez más estudios psicológicos demuestran que a veces perdernos en una actividad o en un pensamiento puede ser mejor para nuestro rendimiento que no hacerlo. De acuerdo a estudios de la Universidad de Washington publicados en la prestigiosa publicación Psychology Today, este estado que en inglés se conoce como daydreaming (“soñar despierto”) podría ser una de las funciones vitales de la psiquis, un “caldero de creatividad y plataforma de ensayo para las habilidades sociales”.

De acuerdo al mismo estudio, los seres humanos pasamos entre un 15 y un 50% de nuestras horas diarias, soñando despiertos, vale decir, evitando concentrarnos en tareas concretas o actividades particulares, para refugiarnos en nuestros propios pensamientos y fantasías.

¿No te sientes identificado? Te ponemos algunos ejemplos: conduciendo de camino de casa al trabajo, del trabajo a casa, o de un sitio a otro, seguro que has experimentado alguna vez la sensación de no haber estado atento durante el camino con el coche mientras tu cabeza soñaba despierta. Otro ejemplo, es estar en una reunión, en clase, en un almuerzo, hablando con alguien y tú cabeza divaga despierta, cuando te das cuenta de ello mitad de la conversación no ha existido para ti. Estar viendo la televisión y a la vez no sabes ni lo que estas viendo por que estas distraído. Cuando te das cuentas te haces la pregunta ¿qué hago viendo esto?. Incluso cuando no estamos haciendo nada, nuestra mente pone en funcionamiento una red neuronal dedicada a repasar todo lo que ya sabemos e imaginar nuevas posibilidades.





Por eso mismo es que a veces, cuando estamos estudiando para alguna prueba o examen, tomarnos un descanso puede ser la mejor manera de afirmar los conocimientos. Por eso mismo es que la creatividad no se puede forzar, y las ideas no nos vienen simplemente sentándonos frente a una hoja en blanco o llamándolas, sino que suelen atacarnos en los momentos menos pensados (en una caminata, mientras nos duchamos o en la cama antes de dormirnos).

¡Así que ya sabes!. La próxima vez que te distraigas de lo que estás haciendo, no trates de combatirlo. Déjate llevar y ten una libreta a mano.




viernes, 10 de enero de 2014

¿Por qué nos importan las opiniones de los demás?

Sin duda alguna el ser humano es un ser social y como tal tiene unas arraigadas tendencias hacia la pertenencia al grupo. Por otro lado, como seres racionales que somos tendemos a tratar de anticipar lo que va a ocurrir para estar preparados y así actuar de una forma más eficaz. Estas dos características hacen que prestemos especial atención a lo que los demás opinan de nosotros,  así como a las opiniones y comentarios que en general hacen las personas relevantes en nuestro entorno sobre sucesos, eventos y experiencias.


Por tanto, podemos decir que esta tendencia nuestra tiene una explicación práctica que es la de prepararnos para funcionar eficazmente, sin embargo, cuando esta propia capacidad nos lleva a sentirnos mal constantemente debido a los pensamientos que nosotros generamos sobre las opiniones escuchadas, llevándonos a sentir miedo, malestar, evitar situaciones o condicionar nuestra manera de actuar, es entonces cuando cometemos un grave error.


Bien es cierto que no podemos controlar todo lo que nos diga la gente, podemos encontrarnos de repente enfrentando comentarios y opiniones para los cuales no estamos preparados, puede que no queramos escuchar opiniones que no compartimos e incluso tener que enfrentarnos a formas distintas de ver las cosas. Pero lo que sí que podemos hacer es controlar nuestras propias emociones al respecto. Es un error pensar que nuestro estado emocional depende totalmente de los demás, ¿Por qué entonces una persona puede molestarse muchísimo por un comentario y otra persona simplemente ni inmutarse?.
Por tanto, la forma en que nosotros mismos valoramos las opiniones de los demás nos lleva a sentirnos de una u otra manera.
 
Pero, ¿De qué depende mi valoración? Pues principalmente de nuestros propios diálogos internos. El diálogo que mantenemos con nosotros mismo es muy importante, ya que todo lo que yo me diga tomará forma a través de mis creencias y mis emociones. Por ejemplo; Si un amigo nos dice que no está de acuerdo con nosotros, lo mas frecuente es que nos enfademos, de hecho, es frecuente enfadarnos cuando vemos que las personas no ven las cosas de la misma manera que nosotros, puede que pensemos- No valora lo que hago o no me entiende, no ha pasado por lo que yo. Estos pensamientos seguramente nos lleven a sentirnos frustrados, ya que la creencia o la idea en la cual nos hemos apoyado para justificar su comentario es la de no me comprende. Y sin duda una persona incomprendida debe sentirse realmente mal ¿No es así?


¿Qué ocurre entonces si cambiamos nuestro propio dialogo?. Si tras el comentario de mi amigo pienso por ejemplo; -Ve las cosas diferente a mí porque somos diferentes simplemente o como hemos vivido experiencias distintas el opina bajo su propia experiencia. Entonces seguramente no me sienta tan mal ¿verdad?

Si somos capaces de controlar nuestra manera de pensar, seremos capaces por tanto de controlar nuestras emociones e impedir que las situaciones mal valoradas por nosotros mismos acaben condicionando nuestro estado de ánimo, repercutiendo así también en mi forma de actuar.


Y recuerda; No es la opinión de los demás lo que hace que te sientas mal sino la valoración que hacemos nosotros de ella.

domingo, 5 de enero de 2014

El cerebro reptil




El término “cerebro reptiliano” conocido también por muchas personas como cerebro reptil fue empleado por Paul MacLean cuando definió lo que se conoce como la teoría de los tres cerebros. Según Paul existían tres cerebros separados (reptil, paleomamífero también llamado límbico y neomamífero o neocórtex). Estos tres cerebros se encontrarían en permanente comunicación, aunque conservarían cada uno un funcionamiento autónomo, con su propia inteligencia, memoria y sentido del tiempo. Tan sólo en los mamíferos superiores (primates y ser humano) estarían presentes los tres cerebros, en otros seres vivos como las aves, los anfibios, los reptiles y los peces encontraríamos sólo el “cerebro reptil”. 
¿Pero, qué es realmente el cerebro reptiliano? 
Pues bien,  cuando hablamos de cerebro reptil nos referimos a la parte más primitiva de nuestro cerebro, la que se remonta a más de doscientos millones de años de evolución y  que nos conecta con el hombre primitivo. Dirige parte de nuestro comportamiento y es responsable de algunos de nuestros ritos y costumbres. Aquí se procesan los instintos básicos de la supervivencia, como el deseo sexual, la búsqueda de comida, o las respuestas agresivas y pasivas, tipo lucha o huída.  Respuestas que tienden a ser automáticas y programadas.
Muchos experimentos han demostrado que gran parte del comportamiento humano, se origina en zonas profundamente enterradas del cerebro, que nos entronca con nuestras raíces, con las tradiciones, con los rituales o con nuestro miedo al cambio, a lo novedoso.
Según el propio neurofisiológo Paul MacLean 'Aun tenemos en nuestras cabezas estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo'.
Por tanto, el  cerebro reptiliano regula las funciones fisiológicas involuntarias de nuestro cuerpo siendo el responsable de la parte más primitiva conocida como reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones, sólo actúa cuando nuestro cuerpo se lo pide, siendo responsable además del control hormonal,  la temperatura, el hambre, la  sed, y la respiración…









¿Pero por qué seguimos conservando esta parte de nuestro cerebro tan primitiva? 
Como ya sabemos, el cerebro humano está formado por varias zonas diferentes que evolucionaron en distintas épocas. Lo que ocurrió es que cuando el cerebro de nuestros antepasados crecía  y aparecía una nueva zona, generalmente la naturaleza no desechaba las antiguas; en vez de ello, las retenía, formándose la sección más reciente encima de ellas.  
Y de hecho, esas primitivas partes del cerebro humano siguen operando en concordancia con un estereotipado e instintivo conjunto de programas que proceden tanto de los mamíferos que habitaban en el suelo del bosque como, más atrás aún en el tiempo, de los toscos reptiles que dieron origen a los mamíferos. 

¿Cómo se relacionan estos tres cerebros (Cerebro Límbico, Cerebro Cortical y Reptiliano)? 
Encima del cerebro reptiliano, encontramos el sistema límbico, el almacén de nuestras emociones y recuerdos, y en él se encuentra la amígdala, considerada la base de la memoria afectiva. Entre las funciones y las motivaciones del  cerebro límbico están el miedo, la rabia, el amor maternal o las relaciones sociales.  Y por último, encima de este sistema encontraríamos el neocórtex o cerebro racional, que permite tener conciencia y controlar las emociones, mientras desarrolla capacidades cognitivas como la memorización, concentración, autoreflexión, resolución de problemas, habilidad de escoger el comportamiento adecuado…entre otros. Se trataría de la parte consciente de la persona, tanto a nivel fisiológico como emocional.
Como vemos a medida que el cerebro ha ido desarrollándose ha ido asumiendo capacidades aún más complejas, yendo desde lo más instintivo hasta lo más consciente y racional. Es por ello, que el primer y el segundo cerebro  se conocen como cerebro emocional inconsciente; y el tercero, como cerebro racional consciente.
Pero además, gran parte de la responsabilidad de conseguir un estado de salud integral en nuestro organismo recae en la amígdala (sistema límbico), que condiciona nuestros sistemas ejecutivos y de autocontrol emocional (neocórtex), a la vez que condiciona nuestra salud física (reptiliano).
Un ejemplo lo tenemos cuando el estrés se apodera de nosotros, ante esta situación nuestra  amígdala se activa, por lo que esta sobreactivación es interpretada como un funcionamiento fuera de lo habitual provocando que el cerebro no procese adecuadamente la información sensorial que le llega a través, principalmente, del oído, y de otros sentidos. Es entonces cuando la persona reacciona con impulsividad bloqueándose las funciones del neocórtex. Los sistemas ejecutivos y de autocontrol emocional, influirán negativamente en nuestro bienestar y, en consecuencia, en nuestro rendimiento.



¿Qué podemos concluir de todo esto? 
Sin duda, conocer el funcionamiento de nuestro cerebro puede ayudarnos a entender muchas cosas, entre ellas nuestra forma de comportarnos o relacionarnos, así como nuestras actitudes y nuestras respuestas.
Podemos entender entonces por ejemplo, que cuando algo nos amenaza (tanto sea real como imaginario) la amígdala, que forma parte de nuestro sistema límbico, activará una ruta neuronal de alerta, desactivando momentáneamente nuestra parte más racional y consciente, nuestro neocórtex, asumiendo el sistema límbico el control. En esos momentos la prioridad es la supervivencia relacionada con nuestra parte más primitiva, por lo que es menos necesario que nos paremos a pensar y reflexionar en situaciones de mucho estrés o miedo.
Y es que, si nuestra amenaza es un coche a alta velocidad, está muy bien no pararse a reflexionar y actuar por puro instinto apartándonos rápidamente del peligro (Huida) sin embargo, cuando esa amenaza es más compleja como una persona que nos mira mal, entonces también saltarán nuestras alarmas, pero esta vez puede que nuestra respuesta sea estar a la defensiva (Lucha).



Por ello la importancia de gestionar nuestras emociones correctamente, porque muchas veces nuestro cerebro interpreta situaciones cotidianas como amenazantes impidiéndonos reaccionar racionalmente, haciendo que nos bloqueemos o por el contrario huyamos. 
Necesitamos que nuestro neocórtex asuma el control sobre nosotros ayudándonos a  sopesar  si esa persona realmente tiene malas intenciones y que es lo más sensato y adecuado para nosotros. Ayudar a  que nuestro neocórtex retome el poder sobre mis propias circunstancias, me ayudará a relajarme, tranquilizarme y poder decir o hacer cosas que me beneficien, y en definitiva, demostrar todo aquello de lo que soy capaz.